
Estamos a cinco días del esperado encuentro con Paraguay y con ello, el inicio de un nuevo proceso clasificatorio para un mundial. La gente en el trabajo, de pronto, está con un ánimo particular, no necesariamente el mejor, simplemente se les nota más ansiosos de lo recurrente. Cada uno, sorprendentemente, quiere cerrar sus pendientes cuanto antes, quiero decir, cuando menos antes del viernes por la tarde. Perú juega con Paraguay y la gente vibra distinto, las miradas tienen un solo objetivo, las mentes están pintadas de blanco y rojo. ¡Señores, empezó nuestro mundial!
Era lunes por la mañana, exactamente a las 9:12 a.m., la gente todavía se acomodaba en sus asientos luego de un fin de semana de relajo y, como es usual, yo revisaba mis correos del trabajo. Uno por uno, línea por línea, demorándome, creyendo que así, el tiempo pasaría más rápido y estaría de vuelta en mi cama cuanto antes. De pronto, me doy con la sorpresa de que Carlitos, el “Leo Prado”, me había escrito. Él es un buen amigo del colegio, muy aplicado, muy responsable, un caballero con todos, un gran tipo. Él, tenía una virtud más, el fútbol era su pasión y cuando de jugarlo se trataba, fue siempre un crack en la cancha. Recuerdo que mi primera –y única- camiseta de arquero, me la regaló él.
Hoy coincidentemente, él también anda metido en el mundo de recursos humanos al igual que yo. Me escribió, me dijo para vernos, que hacía tiempo no conversábamos. Le dije que nos encontráramos en un parque conocido de Miraflores luego de que cada uno terminase de trabajar. Fue así, al día siguiente, llegué minutos más temprano que él, me senté al frente de una enorme iglesia en donde una pareja de jóvenes estaba esperando para entrar y casarse. Mucha gente bien vestida mientras que yo, a duras penas estaba con unos zapatos de gamuza, un jean desgastado y la camisa que la tía Marilú Llosa me había regalado. Bajé la mirada para ver la hora en mi celular, eran las 7:36, alcé la misma y lo vi caminar a un metro de distancia. Le grite: “Carlitos”. “Habla”, me dijo; y resumimos las palabras que queríamos decir en un abrazo de amigos.
Fuimos a una concurrida sanguchería de la esquina de la iglesia que, por razones que desconozco y me abstengo a indagar, ha crecido bastante y al parecer es muy popular en la zona. Me pedí un sándwich “Preferido”, así le llaman, y nos sentamos a conversar. Naturalmente la conversación, en un inicio, giró en torno a lo que nos había pasado últimamente; el trabajo, las novias, las salidas, entre otros tópicos sin mucha importancia. Estaba por dar el cuarto bocado de mi “Preferido”, que la verdad es que de preferido no tuvo nada, cuando Carlitos soltó la pregunta, ¿cómo ves el partido del viernes? Dejé mi sándwich y recién ahí entendí por qué es tan grande nuestra selección.
Hablamos un par de horas solamente de ella, de cómo creíamos que iba alinear el mago, de cuán beneficioso era jugar con los 4 fantásticos, de lo bien que nos fue en la Copa jugando con 3 de contención, concordamos en que Markarián era literalmente un sabio de la vida. Una vez más, coincidencias o no, Sergio, antes de ser entrenador fue Gerente de Recursos Humanos de una empresa con más de mil empleados a su cargo. Algo de experiencia de manejo de personas conoce. Hablamos de la magia que rodea la selección, que aún cuando estuviéramos en la cola de la tabla, todos esperábamos que juegue Perú con ansias, pero mucho más, si es el primer partido de la clasificatoria, mucho más porque hoy, la gente cree, sueña, se ilusiona y alienta de corazón.
Hoy entiendo que la selección es mucho más que Pizarros, Guerreros, Vargas o Markarián. La selección somos todos, es un país que se detiene para gritar sus goles, para llorar sus derrotas, para abrazarse aún cuando nunca conociste al señor que se sentó a tu lado en el restaurant. Se detiene el taxista para sintonizar la radio, el bodeguero cierra sus puertas en lo que dure el partido, los supermercados permanecen vacíos a menos que vendan electrodomésticos y pongan el canal del partido. En lo que dura el partido, nuestros corazones serán rojo y blanco. En la hora del partido, todos seremos uno, todos seremos la blanquirroja.
La selección une, ¿a alguien le quedó la duda?
Era lunes por la mañana, exactamente a las 9:12 a.m., la gente todavía se acomodaba en sus asientos luego de un fin de semana de relajo y, como es usual, yo revisaba mis correos del trabajo. Uno por uno, línea por línea, demorándome, creyendo que así, el tiempo pasaría más rápido y estaría de vuelta en mi cama cuanto antes. De pronto, me doy con la sorpresa de que Carlitos, el “Leo Prado”, me había escrito. Él es un buen amigo del colegio, muy aplicado, muy responsable, un caballero con todos, un gran tipo. Él, tenía una virtud más, el fútbol era su pasión y cuando de jugarlo se trataba, fue siempre un crack en la cancha. Recuerdo que mi primera –y única- camiseta de arquero, me la regaló él.
Hoy coincidentemente, él también anda metido en el mundo de recursos humanos al igual que yo. Me escribió, me dijo para vernos, que hacía tiempo no conversábamos. Le dije que nos encontráramos en un parque conocido de Miraflores luego de que cada uno terminase de trabajar. Fue así, al día siguiente, llegué minutos más temprano que él, me senté al frente de una enorme iglesia en donde una pareja de jóvenes estaba esperando para entrar y casarse. Mucha gente bien vestida mientras que yo, a duras penas estaba con unos zapatos de gamuza, un jean desgastado y la camisa que la tía Marilú Llosa me había regalado. Bajé la mirada para ver la hora en mi celular, eran las 7:36, alcé la misma y lo vi caminar a un metro de distancia. Le grite: “Carlitos”. “Habla”, me dijo; y resumimos las palabras que queríamos decir en un abrazo de amigos.
Fuimos a una concurrida sanguchería de la esquina de la iglesia que, por razones que desconozco y me abstengo a indagar, ha crecido bastante y al parecer es muy popular en la zona. Me pedí un sándwich “Preferido”, así le llaman, y nos sentamos a conversar. Naturalmente la conversación, en un inicio, giró en torno a lo que nos había pasado últimamente; el trabajo, las novias, las salidas, entre otros tópicos sin mucha importancia. Estaba por dar el cuarto bocado de mi “Preferido”, que la verdad es que de preferido no tuvo nada, cuando Carlitos soltó la pregunta, ¿cómo ves el partido del viernes? Dejé mi sándwich y recién ahí entendí por qué es tan grande nuestra selección.
Hablamos un par de horas solamente de ella, de cómo creíamos que iba alinear el mago, de cuán beneficioso era jugar con los 4 fantásticos, de lo bien que nos fue en la Copa jugando con 3 de contención, concordamos en que Markarián era literalmente un sabio de la vida. Una vez más, coincidencias o no, Sergio, antes de ser entrenador fue Gerente de Recursos Humanos de una empresa con más de mil empleados a su cargo. Algo de experiencia de manejo de personas conoce. Hablamos de la magia que rodea la selección, que aún cuando estuviéramos en la cola de la tabla, todos esperábamos que juegue Perú con ansias, pero mucho más, si es el primer partido de la clasificatoria, mucho más porque hoy, la gente cree, sueña, se ilusiona y alienta de corazón.
Hoy entiendo que la selección es mucho más que Pizarros, Guerreros, Vargas o Markarián. La selección somos todos, es un país que se detiene para gritar sus goles, para llorar sus derrotas, para abrazarse aún cuando nunca conociste al señor que se sentó a tu lado en el restaurant. Se detiene el taxista para sintonizar la radio, el bodeguero cierra sus puertas en lo que dure el partido, los supermercados permanecen vacíos a menos que vendan electrodomésticos y pongan el canal del partido. En lo que dura el partido, nuestros corazones serán rojo y blanco. En la hora del partido, todos seremos uno, todos seremos la blanquirroja.
La selección une, ¿a alguien le quedó la duda?

8 comentarios:
Andre... mi amigo Andre
Lo primero que tengo que decir sobre este artículo es...
que alegria que vuelvas a escribir ya que desde aquel primer articulo que leí te lo dije nunca dejes de hacerlo ya que definitivamente no tienen nada que envidiar a muchos disque "cientificos2 del futbol" que escriben por el populismo dejando la esencia de esto que tanto nos apasiona.
Por otro lado no era necesaria la mensión ya que tanto tu como yo somos parte de aquella minoria anónima que ama en serio(ojo en serio) este deporte, pero si pues es tan grande el fútbol que puede paralizar una país, que puede cerrar tiendas, que puede servir como escusa para juntarse, etc.
Yo quiero ganar pero ahorita estoy tranquilo porque mi equipo compite, mi entrenador trabaja y es coherente, en fin estoy contento porque mañana jugamos y porque si pues para nosotros que no llegamos a los 30 años, empieza nuestro mundial y ahora si quiero ganarlo!!
ck
Buen post, fiel a tu estilo. Pocos hinchas auténticos, como tú. Diferimos en mucho, lo sabes, pero en lo importante (futbolísticamente y no)no sólo estamos de acuerdo, somos hermanos. Un abrazo y qué sigan los posts.
Me encantó! Sigue escribiendo!
Excelente articulo primo! Siempre pense que lo tuyo era ser periodista deportivo! Sigue escribiendo que aca ya tienes a un fiel lector!
Saludos
no sabia q tendrias tu blog mi primo!! dale para adelante q desde chibolos nos dimos cuenta que serias capaz de estas grandes cosas, como aquellos comentarios de futbol en el jardin de tu casa!! buenas vibras
Genial! Hoy empieza nuestro sueño!
Esperare ansiosa la próxima publicación!
osea se juntan para hablar de futbol y no me avisan jajajajajajaja bueno yo también me he perdido un poco no? sorry por eso chicos, no sigo el fútbol nacional porque creo que sigo teniendo una herida que no sana, que a veces revive con eventos como lo sucedido en el monumental hace unas semanas. Sin embargo, después de ver el último partido de Perú, senti que algo había cambiado en la gente, parece que nos la empezamos a creer de una vez por todas, y creo que todo es gracias a un proceso. Y bueno también me ha hecho entender algunas cosas. Carlitos sabe que soy un romantico del fútbol, que solo me gusta verlo cuando hay belleza de por medio, cuando los jugadores son atrevidos y no tienen miedo a equivocarse, cuando el resultado no importa tanto como el brindar un buen espectáculo,cuando se prioriza el querer tomar la iniciativa siempre y no esperar metidos atrás. Muchas veces nos hemos peleado porque el dice y es algo que recien ahora puedo comprender es que el fútbol es tan rico que no discrimina en estilos. Eso si, mi filosofía de fútbol bien jugado no la voy a cambiar nunca pero ahora puedo ser mas permisivo y flexible, porque el sentimiento que genera la selección es más grande. Salir a la calle y ver a la gente unida por la selección me conmueve de una manera indescriptible, es algo raro que pocas veces sucede. Me di cuenta que mi antigua postura de escepticismo hacia la selección y más aún la forma en que condenaba a otro estilo de fútbol que no sea el que yo creo que es el mejor, solo me iba llevar al aislamiento y al nihilismo, cuando el fútbol es todo lo contrario. Gracias muchachos, cuando nos vemos para conversar sobre lo que más nos apasiona. Un abrazo para ambos.
Que frasesita tiraste Seiji, si pues el fútbol estan generoso.
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